La Guerra del Pacífico: Los Héroes Olvidados, Los que Nunca Volverán 

 

 

 

 

Un hombre solo muere cuando se le olvida

*Biblioteca Virtual       *La Guerra en Fotos          *Museos       *Reliquias            *CONTACTO                              Por Mauricio Pelayo González

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Juan 2º Meyerholz, Veterano del 79

 

 

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05 de Marz0 de 1880

PROBLEMAS PARA CONSEGUIR ELEMENTOS MATERIALES PARA PERÚ

París, Marzo 5 de 1880.

Señor don Nicolás de Piérola.—Lima.

Muy estimado amigo:

Me encontraba en Italia, haciendo los últimos esfuerzos para conseguir un blindado que tanto necesitamos para nuestra de­fensa, cuando llegó a mi poder su favorecida de 8 de Enero, que me es grato contestar, lo que no hice en el vapor del 2 del cor­riente, porque acababa de llegar de Italia y no tuve tiempo para ello, pero sí encargué al amigo Graña que explicara a Ud. este retardo involuntario y le asegurara que por el vapor de mañana le escribiría, lo que con efecto tengo el gusto de hacer.

Después de indicarme Ud. la necesidad de que activara el cumplimiento de los encargos particulares que el Gobierno me tenía hechos, no solo por patriotismo sino por interés propio, desde que el interés de todos los peruanos está amenazado por Chile, me hace Ud., el especial encargo de contribuir por todos los medios que están a mi alcance, para evitar resistencias, de la compañía de guano, a la ejecución del contrato celebrado por Ud. con Dreyffus y que debe proporcionarle lo indispensa­ble para la guerra en que estamos empeñados.

En cuanto a los encargos que tenía del Gobierno y en los cuales debía continuar según el oficio a que Ud. hace referen­cia, pero que han sido limitados por un oficio posterior, las comunicaciones oficiales que se han debido encontrar en los diversos ministerios, tendrán ya a Ud. al corriente de cuantos esfuerzos y sacrificios he hecho; de cuantas dificultades he de­bido salvar para remitir todos los elementos que envié antes que el Gobierno tuviera a bien nombrarme comisionado para el envío de elementos de guerra, y sobre todo buques, que ha sido mi más seria preocupación. Así como Ud. lo reconoce, lo que estimo debidamente, no necesito de estímulo para hacer cuanto esté de mi parte para que nuestra patria triunfe a toda costa sobre nuestros enemigos. El amor a la patria hace que sea un deber imprescindible el servirla con abnegación en todas circunstancias y muy especialmente al frente de un enemigo injusto.

Respecto del especial encargo que Ud. me hace para que ayude a que se ejecute el contrato con Dreyffus por interesar­nos mucho en estos momentos, preciso es que Ud. conozca mi verdadera situación, sobre la cual supongo que Graña haya hecho a Ud. alguna indicación si no lo ha explicado por com­pleto.

Ante todo, diré a Ud. que desde el principio de la guerra, no tengo otro pensamiento que ella, porque de nuestros triunfos depende la salvación del país, y para hacerla con ventaja son necesarios principalmente recursos abundantes, por cuyo mo­tivo no he omitido ni omitiré ningún esfuerzo que pueda proporcionarlos.

Aunque en el contrato no veo cuál es el adelanto, por el señor Sanz con quien he tenido una entrevista, he sabido que era de 1.000.000 de libras, lo cual en estas circunstancias es un auxilio poderoso.

Mi posición oficial y los deberes del patriotismo me han hecho poco a poco llegar a una completa ruptura con la Pe­ruvian, que sabe que nada puede esperar de mí, y con la cual

no podía conservar influencia después de los antecedentes que paso a referir.

En las muchas y frecuentes cuestiones que los comisionados oficiales han tenido con la Peruvian, cediendo yo unas veces a mis convicciones y haciendo otras el sacrificio de ellas, por interés del país, he estado siempre del lado de los representantes del Gobierno, ayudándolos con las consideraciones que entonces me guardaba la compañía por mi posición oficial y con el apoyo que mi opinión encontraba en el elemento peruano de esa sociedad.

Lo cierto es que el deber me trazó un camino que seguí sin miramiento de ninguna especie, de tal modo que los comisio­nados han debido reconocer, como lo han hecho oficialmente, mi patriótica actitud por conseguir cuanto era necesario o favorable al país.

Entre los motivos que han conducido a mi prescindencia y separación de todo lo que se refiere a la compañía, puedo desde luego enumerar los siguientes, que han producido su lógico resultado. La compañía se negó primero a adelantar los fondos necesarios para el servicio de la deuda externa a pesar de todos los esfuerzos que hice desde mi llegada para conse­guirlo, que era el objeto de mi viaje a Europa y la salvación de nuestro crédito. Se negó después a proporcionar los fondos que como adelanto se le pedían por los agentes del Gobierno y por mí para dedicarlos a la compra de elementos de guerra.

Ya podrá Ud. suponer cuánto haría y cuál sería mi actitud desde que comprendía la gravedad de nuestra situación. Se negó también a suprimir el máximum de precios para la venta de todos los guanos por escala o para mezclarlos y fijar un precio uniforme. Se negó, en fin, al pago de las mensualidades res­pecto de lo que solo pudo retardar algo el protesto de letras que al fin verificaron y por lo cual tuve serios desagrados; por último, estos antecedentes y otros produjeron su natural con­secuencia, es decir, la separación de mi hermano y de los seño­res Candamo y Heesen, o sea del elemento peruano que era el apoyo obligado del Gobierno y mío.

Hoy no hay, pues, en la compañía mas que elementos ingle­ses y franceses que se guiara exclusivamente por su interés mer­cantil, que se apoyan con razón o sin ella en las cláusulas de su contrato

La carta-explicación que precede, manifestará a Ud. con cla­ridad mi actual posición en la Peruvian, cuya agencia, por los mismos motivos, ha dejado de correr a cargo de los señores Ca­nevaro e hijos. Sin embargo, si las relaciones personales con alguno de aquellos caballeros pueden ser utilizadas en servicio del país, puede Ud. estar seguro que ahora como antes no omi­tiré esfuerzo para contribuir a todo lo que a esto convenga.

Aunque supongo que el señor Sanz comunicará a Ud. el re­sultado de la conferencia a que me invitó ayer, y en la cual pu­de explicarle satisfactoriamente la imposibilidad en que me encontraba de pagar las letras a que se refería un telegrama que de usted acababa de recibir, debo recordar a usted los an­tecedentes que han ocasionado la falta de recursos para efectuar aquel pago. Yo recibí el encargo del Gobierno para comprar elementos de guerra, que sin duda habrían costado centenares de miles de libras y para lo cual se llegó a mandarme hasta 150.000 libras esterlinas.

En una nota reservada se me dice también que Rojas y yo pagaremos las letras protestadas por la Peruvian, si el asunto no se arreglaba, Dije inmediatamente, por nota y por telégrafo, que para ese pago debía mandárseme fondos especiales desde que los que había recibido se me ordenaba que los aplicara exclusivamente a elementos de guerra. Posteriormente, y solo a mi regreso de Italia, he recibido un oficio firmado por el Sub-Secretario de Hacienda, ordenándome que yo hiciera ese pago que ya no era posible efectuar, desde que la casi totalidad de la suma recibida había sido invertida en el objeto a que se de­dicó al remitírseme, objeto que el patriotismo obligaba a darle preferencia, lo cual está en armonía con el encargo que Ud. me hace de activar el envío de los elementos de defensa que me han sido pedidos.

Espero, mi estimado amigo, que usted aprobará mi conduc­ta en esta ocasión, como la ha apreciado por lo pasado, la jus­ticia que merezco y que su buena amistad le permite ver clara­mente. A este respecto, pues, confío en que una exacta aclaración de los hechos, un juicio imparcial de mis actos, haga conocer la verdad por parte de usted a los que pretenden propalar la voz de que tengo fondos del Gobierno para el pago de tres letras y no lo verifico.

Dentro de pocos días estaré en aptitudes de formar una ra­zón exacta de los elementos que están listos y de los que están fabricando y que deben servir al país contra el invasor de su territorio.

Dios quiera permitir que así como fui el primero en enviar elementos de guerra, sea yo también el que remita aquéllos con que mi patria obtenga el triunfo definitivo. Ojalá también que impulsado por el sentimiento de la salvación del país, tenga Ud. la fortuna de dar un golpe de muerte a los chilenos, que con una derrota en tierra tendrán que abandonar nuestro suelo. Aplaudiré este resultado, lo miraré con júbilo, no solo por patriotismo sino porque la amistad me hará ver con placer la parte que le toque, que naturalmente será la principal en una gran victoria contra nuestros enemigos.

Además de los rifles, cartuchos, etc., que hace tiempo están en Panamá y de lo que el Gobierno tiene conocimiento, tal vez antes que Ud. reciba la presente habrán llegado al Callao 1.000 rifles y 2.000.000 de cartuchos que he ordenado se embarquen en un buque ligero que debe salir de California. Los demás elementos bélicos los pensaba mandar cuando estuvie­ran concluidos los cañones Krupp, Armstrong y ametrallado­ras, en un buque que pudiera burlar la vigilancia de los chile­nos; pero como Ud. me ha relevado del encargo que tenía del Gobierno, el señor Sanz se encargará de ello.

El término a que ha llegado e1 asunto de Londres con la transacción última, permite la realización de las ideas de Ud., que son las mías, de que las conveniencias nacionales exigían su conclusión. Felizmente para mí, desde que no puedo servir de elemento ya en política, bajo cuyo punto de vista me oca­sionó injustamente algunos desagrados por los malquerientes que lo explotaban en contra de mi, no obstante en algunos el convencimiento de su temeridad, y de que las faltas existentes solo eran imputables a Thomson Bonard y no a nosotros, me complazco de que cese para el país esa fuente de tantas malas consecuencias.

Deseando que Ud. y la familia se conserven bien y que tenga Ud. la fortuna de obtener una victoria sobre los chilenos, que son nuestra pesadilla y la peor de las calamidades que han po­dido sobrevenirnos, me es grato corresponder los amistosos tér­minos de su carta, que contesto con la reciprocidad de la amistad que le profesa su afectísimo amigo y seguro servidor,

J. J. J.

 

 

 

 

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